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El cuarto color del vino: El naranja

Categoría: Sibaris Wine Sibaris Wine Fecha: hace 2 semanas 203

Este es un vino de uva en toda regla, que en la copa adquiere un color naranja muy intenso. Son vinos sin filtrar, crudos, con olores y sabores muy naturales y una acidez bastante baja, frescos, pero de gran longevidad e importantes estructuras. A menudo se le atribuye un toque de notas cítricas y tostadas. El gusto puede resultar desconcertante para quienes no están acostumbrados, pero si se supera el prejuicio inicial, pueden ofrecer gran satisfacción.

Los vinos naranjas son en realidad vinos blancos que se maceran en los hollejos, siguiendo así un proceso similar al de los vinos tintos. De hecho, en la vinificación de las uvas blancas los hollejos no se dejan en contacto con el mosto durante la fase de fermentación, como ocurre en el caso de las uvas tintas. Este método hace que el vino adquiera un color naranja brillante, pero sobre todo un olor y sabor únicos, diferentes a todos los otros tipos de vino.


​Los hollejos de la uva contienen unas sustancias, los antocianos, que le aportan el color. Pero también es donde se encuentran los taninos, responsables de esa sensación de astringencia típica del vino. Por tanto, una maceración de los hollejos de uva blanca más larga produce un vino más estructurado, con un color más oscuro que el tradicional blanco pajizo.

En general, los vinos naranjas son fáciles de beber y maridan bien con varias comidas. Se pueden combinar con éxito con pescado crudo o con la cocina brasileña, siendo ideales para quitar la grasa del pescado con su sabor amargo. Por eso tienen mucho éxito en Japón, pero incluso en Francia, cuna de la ortodoxia vinícola, los chefs los están introduciendo en sus restaurantes.

Por lo que sabemos, esta técnica de elaboración viene de una tradición milenaria, y nos permite obtener algunos de los vinos más finos e interesantes de la actualidad. Varias hipótesis sugieren que los que hoy llamamos vinos naranjas se encuentran probablemente entre los primeros vinos que se hayan elaborado.

De hecho, ya se producían y consumían hace seis mil años, especialmente en la región del Cáucaso. Concretamente en la actual Georgia. Tradicionalmente, estos vinos se envejecían en vasijas de barro, o qvevri, enterrados y retirados después de la curación de las uvas. Algunos productores han conservado estos antiguos métodos y todavía los utilizan, mientras que otros crían sus uvas en acero inoxidable, roble u hormigón.

Por tanto, sería más correcto llamarlos vinos de maceración o vinos brisados. Todos los vinos blancos del pasado se elaboraban con maceración de los hollejos, un proceso que a veces duraba solo unas pocas horas, pero que era necesario para iniciar la fermentación, ya que no existían las levaduras seleccionadas.

Georgia, junto con el noreste de Italia, Eslovenia, donde también se celebra un festival anual, y las naciones balcánicas vecinas han sido históricamente los principales y más antiguos productores, pero este método está ganando terreno en todo el mundo. Hoy encontramos producciones también en Bulgaria, Austria, Alemania y en algunos viñedos franceses: en las regiones de Languedoc, Jura, Loire y Saboya, así como en España, en Valencia, hay una pequeña producción a base de uva Tardana.

Por eso, los medios y las redes sociales, las especializadas en el mundo vitivinícola, están señalándolo como una moda atractiva entre los consumidores de vinos. Así que no se extrañen en ver, muy pronto, en las mesas de México este tipo de caldos, los cuales, como ya hemos leído, son de excepcional calidad.

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